

Cuando es ya bastante cierto que en el futuro cercano de la comunidad global, los orientales chinos e hindúes, japoneses y coreanos tomarán las riendas de la humana convivencia, bien vale la pena repasar cuáles son sus principales creencias y prácticas. No solo tendremos que convivir con ellas, sino que también deberemos aprender a valorarlas en unión con nuestros propios valores divinos y humanos.
De acuerdo a los mejores maestros de la tradición budista y confuciana que ellos representan, hay que destacar seis pilares o fundamentos de su doctrina, he aquí el exálogo que el maestro Hsing Yung nos dejara en una de sus visitas a Chile, a quien tuve el honor de conocer y escuchar: 1.- Generosidad en el dar, 2.- Atenerse a los principios naturales, 3.- Observar la tolerancia, 4.- Trabajar con ahínco,5.- Meditar todos los días y 6.- Buscar la sabiduría.
Para una mente medianamente cristiana, al escuchar estos consejos, nada en ellos desentona de nuestras propias convicciones de origen judío cristiano. Es que la sabiduría de Oriente y la de Occidente vienen de las mismas fuentes de una racionalidad profunda que es en definitiva el plan divino de la creación. Y sus consecuencias éticas, derivadas de esas creencias convergen en similares códigos morales de toda la humanidad.
Practicar la generosidad más allá de la conveniencia o de la espera de retribución por parte del prójimo es tan budista como cristiano, así como cumplir los cinco preceptos que ordenan no matar, no robar, no mentir, no violentar y no envidiar, son también parte central de nuestro común código. Los temas de la tolerancia activa ante todas las personas, así como la laboriosidad como exigencia natural de vida constituyen otros dos puntos de convergencia de ambas sabidurías morales. Finalmente el espíritu de meditación y la aspiración constante a la sabiduría que es la culminación de la humana existencia hacen del pensamiento y praxis budista un excelente aliado, interlocutor y amigo.
En el cada vez más interconectado mundo de los negocios y de los viajes turísticos en que Chile se encuentra bastante involucrado no basta con tener antecedentes genéricos de nuestros interlocutores o mercaderes, se hace absolutamente imprescindible el conocimiento más profundo de los valores que atesoran y sobre todo de la moral que practican. Ambas cosas unidas que solo alcanzamos a esbozar aquí, deben ser más y más conocidas por las nuevas generaciones de hombres de empresa, de políticos y académicos, si es que nuestra apuesta es por la vinculación estrecha con el milenario, culto y rico en grandes virtudes, mundo de Oriente.