

- Santo
En la religión católica, persona fallecida que ha sido declarada santa por la Iglesia, que la proclama como objeto de culto universal. Por extensión, se dice de una persona virtuosa y ejemplar. El vocablo se emplea en la unidad pluriverbal santo y seña, equivalente a ‘contraseña’ y en locuciones adverbiales como a santo de qué, con el significado de ‘con qué motivo’, ‘por qué razón’, así como en la palabra compuesta camposanto ‘cementerio’. En la religión católica se apocopa a san, antes del nombre de los santos, excepto aquellos cuyos nombres empiezan con Do- o To-.
La palabra viene del latín sānctus, sāncta, sānctum, que se refería a aquello (cosas o personas) que ha sido establecidas como sagradas. En la antigüedad latina, Virgilio, Propercio y Ovidio, usaron sānctus con los significados de ‘venerado’, ‘augusto’, ‘respetado’. La voz latina era el participio pasivo del verbo sancio ‘sancionar (una ley)’, ‘establecer’, ‘determinar’.
- Anciano
Persona de edad muy avanzada. En las últimas décadas, la medicina ha permitido que la vida se extienda considerablemente y que en los últimos años de la vida sea posible gozar de una mejor calidad de vida que en el siglo pasado.
La palabra aparece por primera vez en nuestra lengua en el poema de Berceo Vida de Santo Domingo de Silos (c 1235, v. 262): San Vicent avié nombre, un mártir ancïano. Nótese la diéresis sobre la i, que indica que la pronunciación debería ser en hiato, disolviendo el diptongo ia.
El vocablo se deriva del vocablo romance anzi ‘antes’, procedente del latín ante. Sin embargo, Corominas (1980) señala que, como en castellano no hay huellas de anzi, es preciso admitir que la palabra nos llegó muy antiguamente desde el francés o del occitano. En francés, ancien significa hoy ‘antiguo’, como en Ancien Régime, el tiempo que precedió la Revolución Francesa.
- Cigüeña
Ave carnívora migratoria de largas distancias, de gran tamaño, perteneciente a la familia de las ciconídeas. Mide poco más de un metro desde la cabeza a la cola; sus alas extendidas pueden alcanzar una envergadura de hasta dos metros. Tiene patas largas y un pico alargado, que puede llegar a los 20 cm.
Esta ave aparece en el folclore de varias culturas desde la antigüedad remota: en el antiguo Egipto se la asociaba con el jeroglífico Ba, que representaba el alma. Aparece en dos fábulas de Esopo y, en cierta época, los griegos aplicaban la pena de muerte a quien matara una cigüeña.
Una antigua leyenda europea, que fue popularizada por el cuentista Hans Christian Andersen, afirmaba que la cigüeña se encargaba de entregar los bebés a sus padres, cargándolos en sus picos. El medievalista polaco Alecsander Gieysztor (1916-1999), afirmó que en la mitología eslava se creía que la cigüeña traía los bebés a la Tierra y los entregaba a sus padres.
La historiadora estadounidense Mia Bay Bay afirmó en su obra The White Image in the Black Mind: African-American Ideas about White People (2000) New York, New York: Oxford University Press, que a los hijos de esclavos en los Estados Unidos se les solía contar que los bebés blancos habían sido traídos por las cigüeñas, mientras que los bebés negros nacieron de huevos de buitres.
La palabra llegó a nuestra lengua proveniente de su nombre latino cĭcōnĭa, originariamente bajo la forma cigoña, que fue usada por Alfonso el Sabio en la primera parte de su General Estoria (1275, fol. 270r), para afirmar que los romanos creían que se trataba del ave del planeta Mercurio. En esa misma obra, el propio Alfonso X introduce en nuestra lengua la forma actual, cigüeña.