

Calambre
Contracción dolorosa, repentina e involuntaria de un músculo o de un grupo muscular. A pesar de son sumamente molestos y con frecuencia muy dolorosos, los calambres no revisten gravedad, aunque pueden inhabilitar por algunos minutos el uso del músculo afectado.
Generalmente, son consecuencia de ejercicios prolongados en exceso, aunque también pueden ser causados por algún medicamento o por alguna enfermedad, como cirrosis, neuropatías, diabetes o enfermedad de Parkinson, entre otras.
El origen de la palabra es dudoso; según el Dicccionario de la lengua portuguesa (Houaiss 2009), su equivalente portugués cãibra puede provenir del germánico kramp, en el alemán actual Krampf, y haber llegado a la península ibérica a través del francés crampe. Corominas (1980) hipotetiza un romance hispánico clampre, luego calampre y, más tarde, por influencia del sufijo -ambre, calambre.
Feligrés
Persona que asiste a los cultos y actividades de determinada iglesia (en el sentido de templo o parroquia) y participa en ellos.
Esta palabra apareció por primera vez en nuestra lengua en el siglo X, bajo la forma filiigleses, y con su grafía actual en 1245. Proviene del bajo latín fili eclesiae ‘hijo de la iglesia’, formada a partir del latín clásico filius ecclesiae. En esta expresión, la segunda palabra es procedente del griego ekklēsía, propiamente ‘asamblea de los primeros cristianos’.
En portugués y en gallego, la palabra adoptó la forma freguês, que se refiere no solo a los fieles de una iglesia, sino también a los clientes habituales de un determinado comercio. Como derivado, cabe mencionar feligresía ‘conjunto de feligreses’.
Revancha
Entre los latinos, el verbo vindicare tuvo durante mucho tiempo el sentido de ‘reivindicar’ o ‘reclamar en juicio’. En Tácito, vindicare sibi prospera era ‘atribuirse éxito o prosperidad’ y para otros autores clásicos, también ‘liberar a alguien’. Pero fue Séneca quien lo empleó con la denotación de ‘vengar’: vindicare se ab aliquo (vengarse de alguien).
En francés antiguo, vengarse se decía venger y, más tarde, vencher, palabra a partir de la cual, en el siglo XIII, se formó revancher, con el mismo significado, y luego el sustantivo revanche ‘venganza’, que llegó al castellano hacia mediados del siglo XIX, aunque durante muchos años fue condenado como “galicismo”. Sin embargo, en inglés, una lengua con menos complejos de pureza, ya era empleada en el siglo XIV bajo la forma revenge.
Volvamos a los antiguos romanos: del verbo vindicare se formó en latín el sustantivo vindicta, que llegó al romance castellano como venganza y al italiano como vendetta.
Fuente: Ricardo Soca