Cuando nos acercamos a pasos agigantados al próximo milenio, situación para muchos muy singular y sobre la cual se ha especulado de diferentes maneras, al deporte chileno se le vienen encima compromisos de corte internacional muy importantes. Se habla de la organización, por parte de nuestro país, de los Juegos del Pacífico y de otros torneos sudamericanos donde nuestros deportistas -esperamos, renovados- muestren el trabajo realizado luego de años de entrenamiento.

Comentando esta situación con colegas de diferentes especialidades, se especula que en teoría todo está marchando. Seguramente es así, pero la realidad muestra la otra cara de la moneda: desorden asociado con la improvisación y planes poco claros, por lo tanto, menos efectivos.

Antes de pensar en el mítico milenio que se nos pone por delante, en algún momento debemos observar la realidad actual de nuestros cuadros deportivos. Parafraseando a algún señor podríamos decir “…dime cómo te preparas y te diré qué resultados vas a obtener…”

Desde largo tiempo se espera la claridad suficiente para la proyección de tantos valores que de tanto en tanto aparecen en nuestra estirada geografia. Hay una mayoría abandonada en el camino producto de la inoperancia de autoridades poco idóneas en lo técnico. Muchos dirigentes, “designados” por el tinte político, predican la importancia de ganar en todo sin saber cómo; ofrecen y regalan camisetas, balones, o colchonetas en la creencia que ahí está la clave. Sin embargo, no han podido regalar al país un proyecto verdaderamente técnico ajeno a los vaivenes de la política contingente.

Para el deporte se necesita la misma atención que se dice tener por la protección del medio ambiente. Es el Estado el que debe jugar una apuesta verdadera por el desarrollo deportivo de la comunidad. En reiteradas oportunidades se han tocado las puertas del sector privado para el apoyo hacia deportistas destacados; en alguna ocasión más de un atleta se ha visto beneficiado. Claro que la mayoría de las ocasiones son deportistas ya desarrollados de reconocida calidad; a partir de ahí comienza la acción del sector privado. Basándonos en la estadística podemos inferir que la acción del sector privado es selectiva. Mientras tanto, ¿Qué pasa con el gran número de talentos esparcidos por toda nuestra heterogénea geografía? ¿Cuál institución asume el gasto y la preocupación en la formación de deportistas que luego de mucho bregar destacan y triunfan?

El trabajo masivo y de desarrollo deportivo es labor del Estado. La política deportiva debe ser una sola y debe emanar de instituciones estatales. Muchos pueden argumentar que en los países desarrollados, etc., etc. Ese es otro cuento. Chile no es un país desarrollado; no nos sigamos mintiendo con la macroeconomía.

Por otro lado, y con mucha insistencia, algunos sectores abogan por minimizar la acción del Estado. En lo que respecta al deporte es un error porque el desarrollo deportivo de alto nivel, en países como el nuestro, sólo se puede sustentar en el impulso masivo de todas las actividades deportivas y esa responsabilidad necesita de una voluntad política pensada en el bien común. Si no es así, ¿Cómo acceden los jóvenes talentos o los simples deportistas a clubes particulares si no tienen dinero?

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