

Los juegos de un pueblo son mucho más que entretención: revelan cómo ese pueblo se relacionaba, competía, aprendía, se expresaba corporalmente y construía comunidad.
De hecho, muchos de los juegos que asociamos actualmente a las Fiestas Patrias ya existían antes de 1810. Después de la Independencia fueron incorporándose progresivamente al nuevo escenario de las celebraciones republicanas.
Los juegos de la naciente República: En los primeros años de la República todavía no existía la celebración del “18” tal como la conocemos actualmente. Durante un tiempo coexistieron distintas fechas patrias y recién en 1837 el 18 de septiembre quedó establecido como la gran fiesta nacional.
En las celebraciones populares aparecían: Volantín, Rayuela, Luche, Carreras de caballos, Trompo, Taba, Bolos, Chueca o palín, Juegos de naipes, Riñas de gallos, Diversos juegos de apuestas.
El volantín: jugar con el viento. Probablemente sea uno de los mejores ejemplos para explicar la continuidad histórica.
El volantín ya era extraordinariamente popular en el Chile colonial. No era simplemente “elevar un papel”.
Trompo y emboque: la educación de la precisión. El trompo fue otro gran protagonista de la cultura popular. El niño debía aprender progresivamente a: enrollar la cuerda; lanzar; hacerlo girar; controlar el movimiento.
La rayuela: el juego como encuentro social. La rayuela tiene una trayectoria particularmente interesante. Fue adoptada en Chile durante el período colonial y posteriormente los criollos fueron desarrollando su propia forma de practicarla.
La chueca o palín: mucho antes de la República. Aquí aparece una dimensión fundamental de la historia chilena. La chueca, o palín, es un juego de origen mapuche. Su existencia demuestra que la cultura lúdica del territorio chileno no comenzó con la llegada de los españoles ni con la República.
Juegos de niños: un verdadero “currículum” popular. Existía además un universo infantil que hoy conocemos menos. Los registros históricos mencionan: escondidas; luche; chapitas; payaya; bolitas; juegos de persecución; rondas; corre el anillo; distintas canciones y juegos colectivos.
El siglo XIX: las Fiestas Patrias se convierten en una gran fiesta popular
Durante el siglo XIX se consolidaron las ramadas y chinganas como espacios fundamentales de diversión popular. Allí no solamente se comía y bebía. Había: música + baile + canto + juegos + competencias + conversación + encuentro social.
El juego transmite memoria: Una característica fundamental del juego tradicional es que no necesita necesariamente un manual escrito. Se aprende mirando: “Mira cómo se hace.” Se aprende haciendo: “Ahora inténtalo tú.” Y se aprende de los demás: “Así lo jugábamos nosotros.” Se transmiten palabras, expresiones, formas de relacionarse, pequeñas historias, trucos, canciones, lugares y recuerdos. Por eso podemos considerar el juego tradicional como una especie de memoria cultural en movimiento.
La identidad chilena no es una sola- Aquí conviene hacer una precisión importante. No existe un único modo de ser chileno. Los juegos tradicionales también permiten mostrar que la identidad cultural chilena se ha construido a partir de diversas culturas, territorios y experiencias sociales.
Ser chileno no significa repetir una única tradición, sino reconocer la diversidad de historias que han contribuido a construir el país.
“¿Cómo conseguimos que los niños vuelvan a jugar con ellos?” Porque una tradición que solamente se recuerda puede desaparecer. En cambio, una tradición que se practica se modifica y se comparte permanece viva. El juego tradicional es una de las formas más naturales de conectar al niño con su cultura, porque no le pide solamente conocer el pasado: le permite experimentarlo con su propio cuerpo.
Y esto es especialmente relevante desde la Educación Física. Porque la cultura no solamente se lee. También se: camina, corre, salta, lanza, gira, baila, construye, compite, coopera y juega.