

La gente feliz lee y toma café es una novela de la escritora francesa Agnès Martin-Lugand, publicada originalmente en 2013. Es una historia sobre el duelo, la pérdida, la culpa, la soledad y la posibilidad de volver a empezar.
La protagonista es Diane, una mujer que vive en París y que ha construido una vida feliz junto a su marido, Colin, y su pequeña hija, Clara. Sin embargo, su vida cambia radicalmente cuando ocurre una tragedia familiar que provoca la muerte de sus seres más queridos.
Diane queda devastada. Incapaz de aceptar lo sucedido, se encierra en sí misma y abandona prácticamente toda su vida anterior. Deja de trabajar, se distancia de sus amigos y familiares y se instala en un estado de profundo aislamiento.
Su única conexión con el mundo exterior es La gente feliz lee y toma café, una pequeña cafetería-librería que había creado junto a su mejor amigo, Félix. Pero Diane ya no es la mujer que había sido. El viaje que cambia su vida
Félix intenta ayudarla a salir de ese estado y Diane decide finalmente marcharse a Irlanda, buscando un lugar donde pueda estar sola y reconstruirse.
Se instala en una pequeña casa frente al mar. Allí conoce a Edward, su vecino, un hombre de carácter difícil, reservado y aparentemente poco amable. Al principio ambos mantienen una relación bastante conflictiva. Diane quiere que la dejen tranquila.
Edward tampoco parece interesado en establecer una amistad. Sin embargo, lentamente comienza a producirse una relación entre ellos. Y aquí comienza la transformación de Diane.
Del dolor al deseo de vivir. Edward no “cura” mágicamente el dolor de Diane. Lo que ocurre es mucho más humano: su presencia la obliga progresivamente a volver a relacionarse con el mundo.
Diane comienza a experimentar nuevamente emociones que creía perdidas: amistad; deseo; ilusión; celos; miedo; esperanza; ganas de vivir. Pero el pasado continúa presente. Diane debe enfrentarse a una pregunta fundamental: ¿Es posible volver a ser feliz después de haber perdido aquello que más amábamos?
La novela no plantea que olvidar sea la solución. Por el contrario, muestra que superar una pérdida significa aprender a vivir con ella sin permitir que destruya completamente nuestro futuro.