El Rito

    Durante 27 años salí con mis alumnos a trotar a la playa.

    En un principio, intentaron impedirlo. Preferible un reto a perderse el disfrute. Cerraron las puertas, y saltamos las rejas. Un acto de rebeldía liderado por un profesor.

    Lo que nunca vieron los temblorosos fue el rito de la llegada al teatro del océano. Las butacas, la arena. La pantalla un telón infinito de agua y cielo que cambiaba con las horas del día con las lluvias, las nubes, el viento con la danza de los pájaros. Los alumnos, llegaban al espacio litoral ahí, contemplando en religiosos silencio, la amplitud de la naturaleza.

    Con el mar estaba calmo, nos quedamos quietos recogidos como olas sin viento. Si el mar estaba inquieto nos sentábamos atentos como aves en acecho. En instantes, el rito nos atrapó hasta iniciar el regreso. No siempre enseñan las palabras. No siempre enseñan las letras, siempre el cansancio desembocó recogimiento un escenario que entró en nosotros, sin intentar raíces.

    El regreso. Ellos querían la promesa de volver al lugar mientras el tema de sus vidas marcaba el ritmo de los pasos. El rito de ver almas unidas en silencio, son más que clases, experiencias que no deberían dejar de pasar.

     

       

   

  

  

  

  

  

  

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