

Lágrimas de cristal
Un antiguo cuento habla de una joven mujer, la bruja buena Aryuda, que se sentía rechazada porque su magia había despertado envidia. Decepcionada de las personas y de las otras brujas, se retiró a la cima de una montaña para estar sola. Preocupada por lo sucedido, empezó a llorar, y sus lágrimas eran de brillante cristal. Aryuda lloró hasta cubrir por entero su cuerpo de lágrimas y convertirse en una estatua de cristal.
La facultad de llorar lágrimas de cristal no es un fenómeno que suceda sólo en los cuentos, sino uno de los grandes misterios para los cuales la ciencia no tiene explicación lógica. En marzo de 1996 la niña de 12 años Hasnah Mohamed Meselmani estaba en la escuela cuando empezó a quejarse de un dolor en el ojo. Algo le producía una sensación punzante, como si se le clavara en el ojo. Para gran sorpresa de la maestra, en el ojo vio un trocito de cristal, anguloso y que despedía destellos. Y para mayor perplejidad de la mujer, no había herida alguna. Por si fuera poco, al cabo de un rato el ojo volvió a producir más lágrimas de cristal: así fue como lo describieron los testimonios que lo presenciaron.
El padre de Hasnah la llevó a un oculista que la observó durante dos semanas de tratamiento. La niña producía a diario lágrimas de cristal, cuyo origen el médico no pudo determinar. A pesar de su escepticismo, no le quedó más alternativa que confirmar la autenticidad de las lágrimas, que para entonces eran ya tan angulosas que podían cortar el papel y rayar el vidrio. Sin embargo, de forma sorprendente, las lágrimas de cristal no dañaban el ojo de la niña.
El padre de Hasnah llevó a su hija a otro oculista, el doctor Salomoun del Hospital Universitario Americano de Beirut. Pero tampoco allí dieron con la explicación del misterioso fenómeno. Hasta la fecha los médicos no han encontrado una explicación satisfactoria. El cirujano ocular Nasib El-Lakkis redactó un estudio detallado del caso, pero tampoco aportó datos significativos. El padre intentó recibir ayuda de especialistas europeos y americanos, sin resultado.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand