Una pichanga y el último gol gana

   El gimnasio A de la Universidad de Concepción estaba lleno, el partido de voleibol entre las selecciones de Chile y Nueva Zelanda prometía ser bueno; ticketpro simplificó la compra de las entradas. Un locutor, con timbre DJ, calentaba el ambiente con canticos y algunos C H I. Media hora de discursos de los infaltables e insufribles políticos y candidatos futuros. Listo para iniciar el partido.

   Al partir el calentamiento surgieron mis primeras dudas, un equipo de Chile con las dos levantadoras certeras y remachadoras que lograban imponer respeto con golpes potentes, las de Nueva Zelanda, parecían un grupo de niñas invitadas de algún colegio, no muy técnicas, escasa musculatura para el deporte competitivo.

   Se inició el encuentro y la escuadra chilena arrasó a las invitadas oceánicas. El show estaba garantizado, la mayor parte del público se fue feliz al ver a un Chile triunfador.

   Días más tarde disfrutamos del Rugby nacional debutante en contiendas internacionales, cuando la escuadra inglesa terminó propinando 71-0, el entrenador nacional explotó, él había solicitado a la federación partidos con equipos de nivel mundial, para que sus jugadores supieran y sintieran la velocidad al cual juegan esos equipos.

   El mediático fútbol no escapa a esta tendencia, Chile – Cuba, en los partidos de preparación para el futuro mundial, el país caribeño vive y sueña con el Béisbol de fútbol poco o nada.

   A alguien se le olvido inscribir a la mejor velocista de Chile, en los 200 metros en el mundial de Atletismo, un deportista se prepara por años para lograr llegar a estos eventos, sólo llegar es un honor, entrar en una final un logro extraordinario, una medalla, algo reservado para un grupo fuera de serie.

   En muchos deportes nuestro país, la lucha es por clasificar a un evento internacional, más si la preparación es con eventos sin relevancia y poca exigencia.

   El tema son los recursos, para donde van, quienes son los “responsables”. Mientras tanto seguirán vendiendo que lo mejor está por venir.

Por último, si me enojo me llevo la pelota.

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