

Origen y Evolución de los Saltos Atléticos: Salto Alto
El salto alto no fue una prueba atlética que se disputara en los Antiguos Juegos Olímpicos. Según historiadores del deporte, fueron los irlandeses quienes primero lo incorporaron como prueba de competencia en los Tailtin Games o Juegos de Tailti, (nombre de una aldea del condado de Meath), los que existieron desde el siglo XIX AC.
En la Edad Media, los saltos verticales estuvieron asociados principalmente a espectáculos acrobáticos y circenses con saltos mortales o saltos sobre obstáculos fijos.
Las primeras alturas registradas se remontan a 1876, año en que sucesivamente el inglés de 21 años Marshall Jones Brooks, alcanzó un registro 6 pies (1,829m) y que en el mismo año lo elevó hasta 1,892 metros. Años más tarde, en 1887, el norteamericano William Byrd Page, de solo 1,70 m de estatura, en un concurso de exhibición superó primero 1,91 m y después 1,93 metros, estableciendo la primera diferencia notable de 23 cm. entre estatura y altura superada; estos registros los logró haciendo uso de la conocida técnica “salto tijera”, pero inclinando su cuerpo hacia atrás, prácticamente acostándose sobre la varilla.
Hacia fines del S XIX el irlandés James Ryan radicado en EE.UU., antes de cumplir los 20 años, superó en varias oportunidades el registro de Page llevándolo primero a 1,937 m y en el año 1895 a 1,956, 1,95,0 y 1,972 metros. Vistos estos registros, algunos analistas atléticos consideraron como mediocre el registro de 1,81 m con que el estadounidense Ellery Clark ganó esta especialidad en los JJ.OO. de Atenas 1896 y también el 1,90 m con que el norteamericano Irving Baxter triunfó en los Juegos de París 1900.
Desde el punto vista técnico, está especialidad es quizás una de la que más ha evolucionado, por una parte, gracias al aporte de la biomecánica que ha estudiado la relación entre altura alcanzada por el centro de gravedad del saltador con respecto a la varilla o listón a superar y, por otra, por los cambios que ha experimentado el reglamento de esta especialidad que establecía que el primer segmento corporal que debía superar el listón era la pierna libre o contraria a la de rechazo, y que hoy permite que cualquier parte del cuerpo supere en primera instancia la varilla. El otro aspecto que permitió un gran avance del rendimiento es el sector de caída. Los saltadores de fines del S XIX y primeras décadas de los 1900 caían en fosos de arena lo que los obligaba a aterrizar con pies y manos. Posteriormente, la zona de caída se dotó de aserrín y después de recortes de espuma plástica, y hoy, con un gran colchonetón de material sintético que cubre toda la zona de caída y que permite aterrizar sobre la región dorsal alta, como ocurre con la revolucionaria técnica que impuso Richard “Dick” Fosbury al ganar los JJ.OO. de Ciudad de México el año 1968 con un récord olímpico de 2,24 metros y que es la que domina absolutamente en esta especialidad atlética tanto en hombres como en mujeres.
Cabe hacer notar que desde la primitiva y natural forma libre de salto en altura, de frente a la varilla con una carrera previa, se fueron ideando técnicas más eficientes para alcanzar alturas superiores. Así fueron surgiendo el “salto tijera” en el que saltador traspasaba la altura prácticamente en posición sentado sobre la varilla, la técnica “tijera tendido” de espalda sobre el listón, el “rodillo costal” (girando sobre un lado del cuerpo al ubicarse sobre la varilla), el “ventral extendido” y más adelante el “ventral zambullido” (montado a horcajadas sobre la varilla), hasta llegar al actual “Fosbury Flop” o simplemente la “técnica Flop”, en el que el saltador busca superar la altura en posición de espalda sobre la varilla. Con esta última técnica está vigente el récord mundial de hombres, 2,45 m establecido por Javier Sotomayor de Cuba el 27 de julio de 1993 en Salamanca, España, registro que supera la altura de un arco oficial de fútbol. La mejor marca planetaria de mujeres fue impuesta por Stefka Kostadinova de Bulgaria, el 30 de agosto de 1987 en Roma, con 2,09 metros.
Referencias: Le Floc´hmoan, J. (1965). “La génesis de los deportes”. Editorial Labor S.A. Barcelona. Quercetani, R. (1992). “Historia del atletismo mundial 1860-1991”. Editorial Debate. Madrid.