Casi ochenta y cuatro años median entre el 20 de julio de 1936 cuando, por primera vez en Olimpia, tuvo lugar el encendido de la llama olímpica de los Juegos Olímpicos de Berlín, y el 12 de marzo de 2020, año en que se repitió el ritual para prender la llama de los juegos de Tokio 2020. Tradicionalmente, el ritual se escenifica frente a las ruinas del templo de Hera. Gracias al calor generado por los rayos solares en una skaphia —hoy se utiliza un espejo parabólico—, se prende la llama que iluminará los inminentes Juegos Olímpicos.

    Además de la ocasión en la que la actriz Xanthi Georgiou encarnó a la suma sacerdotisa y ejecutó el rito acompañado de una cohorte de figurantes que representaban a las sacerdotisas de Hestia, la ceremonia tuvo otro momento especialmente significativo cuando, por primera vez en la historia olímpica, una mujer fue la portadora del primer relevo, iniciando el tradicional camino hacia Atenas. Se trata de Anna Korakaki (1996), campeona olímpica de tiro en pistola cincuenta metros en Río 2016, donde además cosechó una medalla de bronce en la modalidad de pistola velocidad diez metros. A la salida del recinto de Olimpia se produjo el primer relevo, el cual tomó la atleta japonesa Mizuki Noguchi, campeona olímpica de maratón en los juegos de Atenas 2004.

    La ceremonia del encendido de la antorcha olímpica es competencia del Comité Olímpico de Grecia, que organiza la ceremonia en Olimpia, así como el traslado de la llama mediante relevos hasta Atenas. El 19 de marzo, en el histórico estadio Panathinaikó, tuvo lugar la entrega de la llama a los representantes de Tokio. En dicho estadio, otra mujer, la gran atleta Katerina Stefanidi, campeona olímpica de salto con pértiga en Río 2016, fue la última relevista antes de la entrega de la llama olímpica a los representantes del Comité Organizador de los juegos de Tokio.

Fuente: Más que olímpicas

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