No dudo que usted al igual que yo trata de ser feliz en la medida de lo posible. No hay que exagerar. Eso de la felicidad total en este valle de lágrimas está descartado para toda persona normal. No hay porqué desesperarse por ello, ni solicitar la eutanasia ante cualquier dificultad. Si así fuera, no quedaría nadie en nuestro planeta azul. La felicidad es un ideal que perseguimos todos, aunque la persecución sea a ritmos muy distintos entre unos y otros. La gente que vive siempre de mal genio difícilmente vislumbra ese objetivo tan comúnmente anhelado. Para ellos, esta ginesería sería innecesaria y hostil.

    Cuando hacía mis clases de ética en la universidad en los últimos años de mi carrera y que comenzaba invariablemente a las 08.00 de la mañana del primer día de la semana, o sea, de los lunes, generalmente con frio y a veces con lluvia y casi a obscuras, me presentaba ante mis alumnos, llegando siempre antes que ellos, ya que la puntualidad no era una virtud que hubieran observado antes. Yo la aprendí de mi querido padre y no la olvidé ni dejé de practicarla nunca más, desde muy niño, adolescente, joven, maduro y pasado de maduro, que es mi situación actual. De las pocas cosas de las que no me he arrepentido nunca.

    Yo les repetía con frecuencia que la exactitud en el uso del tiempo era una señal clara que distinguía al buen profesional del mediocre y, por tanto, del buen alumno y del que no había llegado a esa categoría. Y que esa precisión en la conducta de los lunes indicaba además la calidad de la vocación que pretendían seguir en su futura vida de adultos, como veterinarios, periodistas, profesores o gerentes de cualquier empresa.

    Hoy propongo de nuevo mi test de los lunes que consiste en preguntarme y responderme con toda sinceridad, si al despertar, nos viene una sensación de agrado, satisfacción y vigor tan fuerte que llegamos a sentirnos verdaderamente felices al poder iniciar una nueva semana en nuestra tarea. Aunque muchos de mis asiduos lectores ya han pasado el tiempo de la tarea obligada de acudir al trabajo remunerado, pueden hacerse, sin miedo, la pregunta señalada: ¿Me levanto los lunes plenamente feliz al ver que inicio una nueva semana, sin estrenar, que me permitirá seguir viviendo, sintiendo, meditando, leyendo, caminando, hablando, comunicando y por sobre todo amando a Dios, a los hombres y al mundo? Si usted y yo respondemos positivamente esta simple pregunta, quedaremos tranquilos con la conciencia y con el mundo.

    Invito a mis queridos lectores que se hagan el test. Es gratuito y yo les aseguro que es una buena vitamina espiritual para iniciar cada semana. Me encantará recibir opiniones al respecto.  Gracias y felices lunes a todos.

 

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