Con mis gineserías –principal actividad que llevo a cabo en mi tiempo de jubilación y descanso- me expongo ante la plaza pública a través de mis escritos que reflejan lo que pienso, lo que creo, lo que anhelo y hasta lo que me molesta. Por esta razón, al concluir el año 2024, – con 88 abriles a cuestas- me veo en la obligación, como lo hacen los bancos, las casas comerciales y los señores políticos y hasta algunos académicos de someterme a la pequeña tortura de un examen de conciencia en la plaza pública. Mis lectores verán si soy candidato a algún tipo de penitencia o reparación condigna.

    Ante todo, me reconozco autor intelectual de 52 textos que durante esas semanas les fueron servidos con o sin su consentimiento, una vez que los tengo registrados en mis listados que se han incrementado durante el año en un veinte por ciento. En este periodo no les he consultado si les parece oportuno o conveniente seguirme recibiendo en la intimidad de sus correos privados. Este podría ser el momento de preguntarles seriamente si me quieren seguir teniendo como mosca en la oreja los 52 que podrán llegarles durante el año que comienza.

    Reconozco haber tratado una cantidad de temas tal vez excesivamente amplios en los que han abundado conceptos filosóficos, históricos, geográficos, sicológicos, económicos, políticos, sociales, culturales de muy diversa índole por lo que no me extraña haber recibido dos reprimendas de mis lectores, una sobre mi interpretación de las derechas y las izquierdas y otra sobre la adjudicación de principios a una institución académica americana que hoy no tiene las mismas ideas. En ambos casos, aparte de agradecer las críticas, me sirvieron para hacer un acto de humildad y penitencia, los que me hicieron un bien para el alma, aunque pudieran suponer un descenso en mi pretendido prestigio de objetividad, ecuanimidad, sensatez y prudencia.

    Es posible que mi cuota de humor que trato de distribuir a través de mis escritos en algunos casos haya sobrepasado los límites prudenciales de mis queridísimos lectores, por lo que en alguna ocasión me lo censurara un muy buen amigo que es bastante más cuerdo que yo en materia de ironía y humor.

    Para preparar las gineserías leo, anoto, reflexiono, escribo, corrijo y dentro de mi limitación auditiva- ya saben que soy sordo de solemnidad, aunque con buenos audífonos- trato de escuchar a mis amigos, familia e invitados que tengo el agrado de recibir en mi casa donde recibo algo de la mucha sabiduría que anda dispersa entre viejos y jóvenes que con gran misericordia y paciencia me visitan cuando los invito a compartir paella, lasaña y algo de jamón serrano, que sigue siendo mi régimen nutritivo recomendado por don Ramón, el viejo médico de mi pueblo y de mi infancia hace unos setenta y cinco años. Este tema fue objeto de una antigua ginesería: “Aire, sol y jamón”. En esto la conciencia me excusa.

    Debo reconocer que mi mente se nutre de mis paseos de cinco o seis kilómetros que trato de realizar todos los días en que me acompaña el silencio y el encuentro con no muchos transeúntes que, en general van tirados por perros y embutidos en sus teléfonos móviles. Yo simplemente observo, pienso y me voy inventando la ginesería de la semana. Tomo nota de la conciencia que me acusa, me excusa o anima. Seguiré meditando ¡Feliz año 2025¡

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