

Canciones placenteras ¡Oh, flores de Mekhmekh, danos la paz! Por vosotras seguiré los dictados de mi corazón. Cuando me abrazas, amor, tan fuerte es la luz que irradias que sólo el bálsamo podría dar sosiego a mis ojos. Sabiendo con certeza que me amas me anido junto a ti.
Mi corazón está seguro: entre todos los hombres tú eres mi fuente de luz. El mundo entero resplandece. Si sólo pudiésemos continuar durmiendo juntos, de esta manera, hasta el fin de los tiempos. Tan pequeñas son las flores de Seamu que quienquiera que las mira se siente como un coloso.
Soy la primera entre tus amores, como un jardín de hierba y perfumadas flores, cubierta de rocío. ¡Qué placentero es el canal que has cavado para encontrar la frescura de los vientos del norte! ¡Qué serenos son nuestros senderos cuando tu mano descansa sobre la mía en pleno gozo!
Tu voz me da vida, como un dulce néctar. Mirarte me alimenta y colma mis sentidos. Hay flores de Zaít en el jardín. Las corto y las enhebro formando una guirnalda perfumada para ti.
Y cuando te embriagas demasiado y te acuestas a dormir, soy yo la que lava el polvo de tus pies.