A veces tengo ganas de ser cursi para decir: La amo a usted con locura.

A veces tengo ganas de ser tonto para gritar: ¡La quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos, que me crece una flor rompiéndome el pecho, una flor, y decir: Esta flor, para usted.

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