Petrarca representa el amor como una bendición que transforma la vida y la hace manantial inagotable. Para el poeta, el amor es gracia de la que brota todo arte y toda belleza, y se condensa en el nombre de la persona amada.

Bendito sea el año, el punto, el día, la estación, el lugar, el mes, la hora y el país, en el cual su encantadora mirada encadenose al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía de entregarme a ese amor que en mi alma mora, y el arco y las saetas, de que ahora las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto el nombre de mi amada; y mi tormento, mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento, puesto que ella tan sólo lo comparte.

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