Bendito sea el día y el mes y el año, y la estación y el tiempo y la hora y el momento preciso, y el hermoso país y el lugar donde me atraparon por los dos hermosos ojos que me unían; y bendito sea el primer dulce dolor que sentí al enamorarme y el arco y las flechas con que fui traspasado y las heridas que llegaron a mi corazón.

Benditas sean las muchas palabras que yo, llamando el nombre de mi mujer, se han extendido y los suspiros, y las lágrimas, y el anhelo y benditos sean todos los poemas por el cual me hago famoso, y mi pensamiento que es sólo de ella, para que ninguna otra mujer encuentre lugar en él.

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