

- Obsequio
Los romanos usaban el verbo sequi con el sentido de ‘seguir, ir detrás, acompañar’, y también ‘perseguir, acosar’. Ovidio escribió sequi vestigia alicuius para significar ‘seguir las huellas de alguien’ y non tibi sequendus eram con la denotación de ‘yo no debería ser acompañado por ti’.
El clásico sequi se alteró en latín vulgar a sequere, que dio lugar al francés suivre ‘seguir’, mientras que otras lenguas romances mantuvieron la forma original, pero añadieron las terminaciones -ire, como el italiano seguire, o -ir, como el español, portugués y catalán seguir.
La palabra latina se había formado a partir de la raíz indoeuropea sekw, del mismo significado, y dio lugar a muchos otros vocablos, tanto en latín como en castellano. En efecto, con el prefijo con- se formó consequi ‘buscar’, ‘conseguir’, ‘obtener’, de cuyo participio pasivo, consecutus, ‘consecutivo’ se derivaron consequentia ‘consecuencia’ y exsequtio ‘seguir hasta el final’, ‘rematar’, de donde ‘ejecutar’ y ‘ejecutivo’, y también ‘exequias’ (honores fúnebres).
Con el prefijo ob- se formó obsequi ‘cumplir el deseo de otra persona’, que dio lugar a nuestro obsequio ‘regalo’, pero también a obsecuente ‘el que sigue los deseos de otra persona en actitud de obediencia y sumisión’. Lo que ocurre después de un hecho, lo que lo sigue como consecuencia, se llama secuela, palabra formada ya en latín como sequela, a partir de sequi.
- Marsupial
Animal perteneciente a una de las tres divisiones de los mamíferos, junto a los monotremas y a los placentarios. Se caracterizan por un escaso desarrollo del útero, por lo que las crías completan gran parte de su crecimiento agarradas a las glándulas mamarias que están en el interior de una bolsa, llamada marsupio, situada en el abdomen de las hembras.
Hay en el mundo unas 270 especies de marsupiales, en su mayoría correspondientes a distintas variedades del canguro australiano. La palabra es un calco del francés marsupial, atestiguado en esa lengua al menos desde 1736. Según el Diccionario histórico de la lengua española (DHLE) se registra por primera vez en español en Elementos de obstetricia (1833), del médico y filólogo español Pedro Federico Monlau, quien lo utiliza como adjetivo, modificando a hueso.
El vocablo francés marsupial se formó en esa lengua a partir del latín marsūpium ‘bolsa’, proveniente del griego μαρσύπιον (marsupion), de igual significado.
- Espuela
Cuando los godos invadieron la península ibérica en el siglo VI, llevaron consigo sus costumbres y su lengua y, aunque se integraron en forma relativamente rápida a la sociedad ibérica, dejaron una impronta léxica en el idioma castellano, que cuenta en su acervo con muchas palabras provenientes de las antiguas lenguas germánicas.
Una de ellas es espuela, el nombre de la espiga metálica rodeada de puntas, que los jinetes usan en el calzado para picar a la cabalgadura. El vocablo se formó a partir del gótico spaúra, que también aparece en el alemán antiguo sporo, en el alemán actual Sporen, en el inglés spur y en el portugués espora, todas ellas con el mismo significado.
Como voces derivadas de espuela, cabe mencionar, entre otras, espolear, espolón y espoleta. Menos conocida es espolique, que se empleaba para designar al ‘sirviente que camina delante del caballo de su amo’ (para ponerle las espuelas). Este último vocablo apareció en el diccionario académico en 1817, cayó en desuso en el siglo XX y fue retirado en la edición de 2001.