• El arte de la guerra

    Hace veinticinco siglos, el general chino Sun Tzu escribió el primer tratado de táctica y estrategia militar. Sus sabios consejos se siguen aplicando, hoy día, en los campos de batalla y también en el mundo de los negocios, donde la sangre corre mucho más.

    Entre otras cosas, el general decía: Si eres capaz, finge incapacidad. Si eres fuerte, exhibe debilidad. Cuando estés cerca, simula que estás lejos.

    No ataques nunca donde el enemigo es poderoso. Evita siempre el combate que no puedas ganar. Si estás en inferioridad de condiciones, retírate. Si el enemigo está unido, divídelo. Avanza cuando no te espere y por donde menos te espere, lanza tu ataque. Para conocer al enemigo, conócete.

  • El horror de la guerra

    A lomo de un buey azul, andaba Lao Tsé. Andaba los caminos de la contradicción, que conducen al secreto lugar donde se funden el agua y el fuego. En la contradicción, se encuentran el todo y la nada, la vida y la muerte, lo cercano y lo lejano, el antes y el después.

    Lao Tsé, filósofo aldeano, creía que cuanto más rica es una nación, más pobre es. Y creía que conociendo la guerra se aprende la paz, porque el dolor habita la gloria: Toda acción provoca reacciones. La violencia siempre regresa.

    Sólo zarpas y espinos nacen en el lugar donde acampan los ejércitos. La guerra llama al hambre. Quien se deleita en la conquista, se deleita en el dolor humano. Los que matan en la guerra deberían celebrar cada conquista con un funeral.

  • Yi y la sequía

    Los diez soles se habían enloquecido y andaban girando todos juntos por el cielo. Los dioses convocaron a Yi, el flechador infalible, el más diestro en artes de arquerías.

    —La tierra arde —le dijeron—. Mueren las gentes y mueren los animales y las plantas. Al fin de la noche, el arquero Yi esperó. Y al amanecer, disparó.

Uno tras otro, los soles fueron apagados para siempre. Sólo sobrevivió el sol que ahora enciende nuestros días.

    Los dioses lloraron la muerte de sus hijos ardientes. Y aunque Yi había sido convocado por los dioses, ellos lo expulsaron del cielo: —Si tanto amas a los terrestres, vete con ellos. Y Yi marchó al exilio. Y fue mortal.

Fuente: Eduardo Galeano

      

   

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