Surgen una serie de ideas cuando se visita una pista de atletismo, un gimnasio, un parque o cualquier lugar donde los jóvenes se entreguen a la gracia del deporte en sus diversas facetas. 

Con el tiempo en estos espacios, se encuentra talento, ese talento comparable a un diamante en bruto que necesita del artista para ser pulido y transformado en una verdadera obra de arte, el epitome del equilibrio entre mente y cuerpo, expresado en un deporte y sus gestos.

El talento en su máxima expresión es riqueza de una pequeña parte de la población, su encuentro es algo profundamente intencionado en algunas naciones, al igual que las políticas que permiten impulsar su desarrollo.  

  La empresa logró penetrar de tal forma el sistema político a través del financiamiento electoral, que las medidas de las autoridades elegidas por el pueblo son agendadas por quienes los financian, lo cual favorece la improvisación y la mediocridad.

La experiencia demuestra que la poca intencionalidad de las políticas deportivas entrega resultados pobres, algo que muestran los medalleros de los eventos internacionales, salvo disciplinas que han logrado crear bases más sólidas, otras siguen dependiendo de una familia que invierte en sus hijos para lograr resultados internacionales. 

Desde mi punto de vista debería haber políticas de estado mínimo a DIEZ AÑO PLAZO EN DEPORTES, tiempo que se requiere para formar un deportista de alto rendimiento, tomando en cuenta que en el alto rendimiento una persona vive del y para el deporte.

Sea cual fuere el modelo que se instaure, son los resultados lo que los refrendan, si les falta algo de imaginación a nuestras autoridades, podrían probar con la IA, para ordenarse. 

El problema sería que la misma IA les sugiera, como solución, que los actuales responsables se vayan a su casa.

  Por último, al ser mínimo diez años, se requiere una política de estado, no de gobiernos que duran cuatro años.

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