Yeti

   ¿Quién no ha oído hablar del Yeti o Metoh Kangmi, «abominable hombre de las nieves», tal como lo llaman los habitantes del Himalaya? Allí sigue dejando sus huellas e incluso ha sido visto alguna vez, ya que en el Himalaya parece estar su guarida. ¿Es el Yeti un vestigio de nuestros antepasados o una especie hasta hoy no identificada?

   El Yeti del Himalaya es un clásico más de la criptozoología. Pero en este caso no se trata tanto de si se le ha visto o no en realidad como de sus huellas, cuya longitud oscila de forma notable entre los 15 y los 45 centímetros.

   Hoy día se sigue hablando de apariciones de la misteriosa criatura. En su libro editado en 1998 Yeti: leyenda y realidad, Reinhold Messner escribe que él se encontró con el Yeti, o por lo menos eso creían sus acompañantes, nativos de la zona. En una investigación más precisa, Messner declara que se trataba de un oso pardo del Tíbet. Dada su estructura ósea y el hecho de que puedan caminar erguidos, sigue sucediendo una y otra vez que se confunda a los osos con crípticos. Las personas que creen haber visto al Yeti por los alrededores se muestran siempre de acuerdo en que no es ni un mono ni tampoco un oso.

   Para los nativos del Himalaya que creen en el hombre de las nieves, existen tres clases de Yeti: el más pequeño, yeh-the, el más grande, meh-the, y el gigante, dzu-the. Esta diferenciación en tres tamaños vendría a explicar las diferentes huellas. En el caso del pequeño y el mediano, se trata probablemente de especies de mono que en Himalaya se consideran Yetis. Si realmente existiera el Yeti, seguro que descendería del Gigantopithecus, de los extinguidos monos gigantes. Cuando se extinguieron, hace medio millón de años, el monte Everest estaba creciendo unos 500 metros. Es posible que eso fuera la causa del aislamiento de muchas especies.

   Otra teoría sugiere que el origen del Yeti se localizaría en los bosques y valles que están más abajo de la frontera de las nieves. Muy pocas veces el hombre visita esos valles escondidos de vegetación exuberante y muy nebulosos. El Yeti, para desplazarse de un valle a otro, tendría que hacerlo por la nieve, lo que explicaría las huellas que regularmente se van encontrando.

Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand

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