Ordeñando la vaca

    Los Juegos Panamericanos 2023 crearon expectativas, no sólo en materia de resultados deportivos, se pensó que los espacios construidos para la práctica deportiva mejorarían, incluso rondó la idea que la organización estructural del deporte nacional correría por carriles más profesionales.

    Días antes del evento principal, me acerqué a Bienvenido Front, el entrenador nacional de remo de ese momento, le comenté sobre mis aprensiones, que todo el movimiento de recursos que mostraba el recinto Serviu y club de Regatas Miramar, que fue usado como oficina, bodega entre otras cosas para dichos juegos, parecía transitorio.

– ¿Qué va a quedar de todo esto? – fue mi consulta directa al entrenador nacional. Front me dijo: “La construcción de dos galpones permitirá que las selecciones de remo y canotaje de la región entrenen en la Laguna Grande de San pedro, se destinará un entrenador de parte de la Federación de Remo de Chile, para el apoyo y desarrollo de nuestro deporte, sin estar dependiendo de un club privado como Llacolen”.

    Terminado los Panamericanos, nunca un deportista ha entrado o salido de este recinto. El 2023, las responsables de los Juegos lucían unas llaves de cartón de un metro para su inauguración, al ser consultadas por la prensa, explicaron: “Este lugar será parte del legado de los juegos, se invirtieron 313 millones en la construcción, 145 millones en implementarlo”.

    Dentro del recinto de los campos deportivos del SERVIU, se construyó un gimnasio por 900 millones de pesos, se remodeló una casa (no se construyó) por 350 millones, todo en el marco de los juegos, ambas instalaciones parecen estar dormidas.

    Había un gran reloj en una plaza del Parque, literalmente daba la hora, trabajó unos días, un viento lo apagó, cuando quedaban unos pocos días reactivaron los números con su cuenta regresiva, terminó el evento y desapareció.

    Posterior al evento quedaron algunos botes, son de alto costo, quedaron las medallas, quedan las fotos del recuerdo; pero además quedó la sensación de la inoperancia, de la burocracia, de la falta de respeto hacia el deporte formativo, hacia un modelo plagado de miserias y miserables.

    Muchos entrenadores entregan horas, días, vacaciones para sacar adelante el deporte, dirigentes y jueces, apoderados, dedican parte de sus tiempos libres a la actividad, deportistas entrenando en busca de una oportunidad de representar a su región y el país. Toda esta base merece respeto.

Pareciera que la elite administrativa maneja los recursos para su beneficio. Todo lo que rodea el deporte y el deportista de base, es una vaca para la ordeña. Terminado el evento principal la vaca puede ser sacrificada, o peor, abandonada a su suerte.

    Después de estar cuarenta años dedicado a temas que se relacionan con el deporte y la competencia, puedo decir que todo sigue marchando al mismo ritmo, muy pocas cosas han cambiado, el problema no son los deportistas y su calidad, son las políticas de estado que rigen nuestro deporte.

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