A diferencia de quienes crecieron en las décadas del siglo XX, donde los vínculos eran cara a cara, vivenciando las emociones, las últimas generaciones nacieron y crecieron en su mayoría con una pantalla y es la forma con que interactúan gran parte de las personas en el mundo actual. 

Hoy las emociones se piensan, pero no se sienten como antes. Las neuronas espejo son un grupo de células del cerebro que se activan tanto cuando realizamos una acción o cuando observamos a otra persona realizar esa misma acción. No solo entendemos lo que hace otro, sino que sentimos lo que el otro siente. La autoestima es la fotografía mental que tenemos de nosotros mismos y en la era digital, esa  fotografía mental tiene muchas distorsiones, el resultado es una versión alterada de nuestra autoestima. En el pasado, nuestro grupo de referencia o de pares, eran compañeros de colegio, amigos del barrio, compañeros de trabajo y nos permitía construir nuestro autoconcepto y autoimagen. El cerebro se sentía seguro, porque encajaba en un entorno real. Hoy en dia es un entorno artificial, un mundo virtual y global. 

El cerebro suele interpretar el entorno como hostil e inestable. Los cambios de personalidad  por influencia de las redes son muy visibles e inquietantes.  Al interactuar a través de pantallas, se pierden las señales no verbales (miradas, tono de voz, lágrimas, etc), esto dificulta la capacidad de sintonizar con el otro. La era digital ha transformado los entornos físicos y locales (familia, escuela, barrio) a espacios tecnológicos  virtuales e hiperconectividad y ofrecen una versión corregida  de nuestra imagen con filtros y retoques de IA, al mostrarse en fotografías, pero que no son reales.

Resulta preocupante también la envidia que se genera por la cantidad de “likes” (Me gusta) o comentarios que tienen otras personas en redes sociales, como una respuesta emocional y forma moderna de comparación, lo que suele estar muy ligado a una baja autoestima y una necesidad de validación, puesto que el algoritmo con que funcionan las redes,  son una medida visible de aprobación, éxito, popularidad y comparación. Es decir el valor de una persona se mide cuantitativamente (número de seguidores, comentarios e interacciones). Cuando los números bajan o son menores que otros, aparece la frustración, si los números suben, la autoestima se infla, a diferencia de una autoestima normal o saludable, las personas con autoestima inflada, necesitan subestimar, criticar o pasar por encima de los demás para validarse. Alguien con autoestima inflada, no será empático, la falta de contacto visual y presencial, no ven el daño real que causan sus palabras en otra persona, su ego no se siente confrontado, lo que les permite mantener su postura de superioridad, sin remordimientos. 

Hoy en dia en lugar de dialogar, se ataca a una persona, especialmente cuando una información comprobada, desarma una creencia o argumento, la respuesta suele ser un insulto.  La hiperconectividad es la condición socio-tecnológica actual, estamos conectados a redes de información, dispositivos digitales y plataformas virtuales. Una forma de vida , donde la línea de división entre el mundo online y offline no existe. 

El pensamiento polarizado o dicotómico  ha crecido por los algoritmos y las personas los imitan,  ver la realidad de manera extrema y opuesta, sin matices intermedios, se ven las cosas en blanco o negro, bueno o malo, amigo o enemigo, etc. La empatía se reserva para personas que piensan y tienen creencias similares y no para el que lo hace de manera diferente. .Es pertinente mencionar que la empatía aún existe y no ha desaparecido, pero  los cambios tecnológicos,  han fomentado el aislamiento, el individualismo y el contacto visual presencial ha ido desapareciendo. La salud mental de algunas personas, niños y adolescentes  se han visto afectadas en diferentes dimensiones. Lo han constatado muchos profesionales de la salud  mental en sus consultas.  

Fomentemos cosas para que la autoestima y la empatía salgan de la crisis.

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