

En Amsterdam, los atletas salían del estadio luego de dar medio giro a la pista. Antes de traspasar la puerta de la maratón, Plaza, con el número 686, se dio tiempo para saludar a un grupo de chilenos que hacía flamear una bandera tricolor. El nacional enfrentó las húmedas calles de la ciudad en el undécimo lugar. El fondista criollo sobresalía del grupo de avanzada por el pañuelo blanco amarrado a la frente y otros dos envueltos en cada mano.
En el kilómetro cinco, Plaza ocupaba el lugar 51. El puntero -el estadounidense Demas- tenía una ventaja de 700 metros. La decepción era grande en Amsterdam y en Chile. En el kilómetro siete, Plaza hizo señas que le dolía mucho una rodilla. La dolencia había aparecido una semana antes por el frío de Amsterdam, pero el atleta no se lo había contado a nadie.
En el kilómetro diez el chileno se veía abatido, cansado, apretado, corriendo en un estilo muy distinto del que habitualmente desplegaba en Chile. Sin embargo, con el andar, los músculos se calentaron más y el dolor comenzó a desaparecer. Tanto el santiaguino como el resto de los corredores buscaban instintivamente tomar algún líquido, como hoy se estila en las maratones, pero en esa época no existían los puestos de abastecimiento.
En el kilómetro 20 Plaza comienza a repuntar, e incluso se le escuchó decir frente a un control “Ahora voy bien”. Su estilo cambió. Volvió a ser el atleta de siempre, ese con zancadas finas y seguras. Empieza a acortar distancia con los punteros y a pasar rivales. Ya estaba en el lugar 28 en el kilómetro 25. Siete mil metros después, alcanzaría la novena ubicación aprovechando la defección de varios atletas que puntearon la prueba, pero que mostraban evidentes signos de cansancio. El número 686 se puso entonces a 300 metros del japonés Isuda que lideraba la prueba. Plaza seguía a tranco firme; mientras tanto, adelante también corría un conocido: el argelino-francés El Ouafi junto a un pequeño grupo que escoltaba a los nipones.
En el kilómetro 40, la carrera la encabezaban Yamada, el estadounidense Ray, el finlandés Martelin, Isuda, El Ouafi y Plaza.
A dos mil metros de la meta y a 120 del puntero, El Ouafi y Plaza remataron con todo mientras el resto comenzó a quedar atrás. A unos mil metros, el francés alcanzó la punta y el chileno se ubicó tercero. Faltando 500 metros Plaza quedó segundo con El Ouafi a la vista, pero ya casi no quedaba carrera.
Los dos punteros entraron por un callejón humano al estadio de Amsterdam. Los miles de personas que llenaban el recinto recibieron de pie a los atletas. El Ouafi a la cabeza y 60 metros más atrás Manuel Plaza. El chileno apuró el paso, en tanto que el argelino-francés trastabillaba en la pista. Atrás seguía acortando distancia el moreno del cintillo, con un tranco lleno de fuerza y estilo, con elegancia y frescura. Vino la ovación para el europeo que cruzó la meta y se desmayó. A los pocos segundos fue el turno de Plaza, quien continuó corriendo mientras el ganador era atendido en la pista. Tres giros más alcanzó a dar el chileno para soltar los músculos y morder la rabia de haber estado a 50 metros de ganar la única medalla de oro del deporte olímpico chileno.
Para las estadísticas quedaron las 2 horas 32 minutos 57 segundos del vencedor y las 2 horas 33 minutos 23 segundos para su escolta.
Fuente: Ocho Libros Editores