

Los relatos acerca de milagros y misterios de origen religioso son muy numerosos, principalmente porque los monjes dejaron constancia de ellos en manuscritos antiguos y, más tarde, fueron narrados a los feligreses por sacerdotes y predicadores. Es imposible determinar hasta qué punto la Iglesia otorgó credibilidad histórica a las primeras leyendas porque muchas de ellas se interpretaron como metáforas que servían para hacer llegar un mensaje concreto.
A partir de la Edad Media, los enigmas y milagros de nueva aparición empezaron a ser documentados con escrupulosidad tanto por la Iglesia como por los seglares debido al creciente distanciamiento entre el clero y la corona. Ambas partes pretendían reivindicar su poder, y los fenómenos sin explicación aparente se convirtieron en un medio eficaz para afianzar una posición supuestamente ostentada por voluntad divina. En el Renacimiento, cuando la mayoría de los símbolos y emblemas religiosos habían perdido ya su poder político de convicción, se originó el interés científico por los milagros y misterios, que se empezaron a estudiar con más rigor.
La Epopeya de Gilgames
La Epopeya de Gilgames fue inscrita en doce tablillas de piedra, la mayoría de las cuales se conservan. El relato narra la vida del legendario rey Gilgames, que vivió aproximadamente entre 2750 y 2600 a.C. Este rey, dos terceras partes divinidad y una tercera parte hombre, trató de erigirse en dios. Con tal propósito fue en busca del sabio Utnapistim, poseedor del secreto de la inmortalidad después de haber sobrevivido a una inundación de dimensiones colosales con la ayuda del dios del océano Enki.
Utnapistim había construido un arca y fue el único hombre que sobrevivió a la crecida de las aguas.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand