

- No es nada personal – J C Pineda 27 septiembre 2025
Hola señora, ¿a usted la conozco?
Ah sí, la he visto varias veces en estos últimos años.
¿Qué se le ofrece? No, no me responda, creo adivinarlo.
Me va a disculpar, pero su aspecto no me gusta, siento temor cuando la veo y cierta repulsión. No me gusta verla cerca, más bien me gustaría no volver a verla.
Ah sí, se que es imposible no verla nunca más, pero ¿Le puedo pedir algo? ¿Qué le parece que nos veamos en unos varios años más? digo yo si es posible nomás.
No me mal interprete, pero usted ya lo sabe de sobra, su presencia no es agradable para nadie…Tampoco para mi.
Hace un par de años la vi cerca de mi mejor hermana, antes la había visto merodeando a mi madre, también a mi padre…A un par de señoras que conocí y a las cuales apreciaba mucho. Cerca de Gerardo o de don Ernesto y tantos otros. ¿Recuerda a mi otra hermana que se la llevó cuando yo tenía 10 años?
La he visto previamente a mis momentos tristes, de los cuales he tenido muchos, ya sabe en mi niñez, pero claro, nada se compara con la asociación que hago de su nefasta presencia.
¿Puedo pedirle algo?
¡Le ruego si quiere! (imagíneme rogando o implorando, pero estoy dispuesto)
Váyase , no quisiera verla más, ya llegará mi momento de llamarla, pero hágame un favor; aparezca cuando la llame.
Deje tranquilos a mis amigos , no ve que ellos se asustan tanto como yo y ni que hablar de sus familias.
Usted demás sabe eso, pero entiendo que es “su pega”, ¿No habrá una forma que su pega la haga con menos presencia y ruido? Tal vez si aparece y zaz se acabó, sería un impacto fuerte , pero menos doloroso.
Yo la llamo, ¿le parece?
- Arte y vida – Enrique Anderson Imbert
Jack Turpin (Inglaterra, 1750-1785) fue el actor más afamado y difamado en el reino de Jorge III. Afamado por su elegancia de galán en las comedias de Sheridan que se ponían en el Teatro Drury Lane y difamado en la sociedad de Londres por las explosiones de su carácter irascible. Una noche, en una taberna, el crítico Stewart se atrevió a burlarse de esa doble personalidad de caballero en la ficción y energúmeno en la realidad. Discutieron. Una palabra dura provocaba otra aún más dura y al final Turpin, fuera de sí y contradiciéndose, le gritó a Stewart:
-¡Le voy a probar que soy capaz de comportarme en la vida con el decoro del arte!
A Stewart no se lo pudo probar porque, en uno de sus irreprimibles arrebatos, lo mató allí mismo de un pistoletazo, pero lo probó ante el mundo en su primera oportunidad. Un testigo describe la escena así:
El actor Turpin, desde lo alto del tablado, echa una mirada al público. Piensa: “Hoy, en esta tragedia a la manera de Richard Cumberland, desempeñaré con toda mi alma el papel de condenado a muerte”. Y, en efecto, resulta ser la mejor representación en su brillante carrera teatral. Avanza con las manos entrelazadas por la espalda, el cuerpo erguido, la cabeza orgullosa, hasta que se abre a sus pies un escotillón y Turpin, en el patio de la prisión de Newgate, queda colgado de la horca.